Mantener las ventanas cerradas durante todo el día puede ayudar a conservar el calor, pero también impide que se renueve el aire interior. La humedad y los olores siguen acumulándose durante el invierno, por lo que la ventilación es necesaria. El desafío consiste en introducir aire del exterior sin enfriar la vivienda más de lo necesario.

La ventilación puede ser menos eficiente cuando se realiza mientras la calefacción está encendida. Abrir una ventana cambia la temperatura de una habitación y el sistema de calefacción puede tener que compensar entonces el calor perdido. La distribución de la vivienda, las puertas que conectan las habitaciones y la temperatura exterior también influyen en el resultado.

Un error consiste en elegir la parte más fría del día para abrir las ventanas. Las temperaturas suelen ser más bajas al amanecer y por la tarde-noche, lo que aumenta la diferencia entre las condiciones interiores y exteriores. Cuando la ventilación puede programarse, la mitad del día puede ser más adecuada. La luz solar también puede ayudar a conservar el calor, dependiendo de la orientación de la vivienda y del tiempo. Esto no significa retrasar la ventilación cuando sea necesaria para eliminar olores o humedad.

Otro error es dejar los radiadores encendidos mientras se airea una habitación. El calor puede escapar a medida que entra el aire frío y el sistema puede seguir consumiendo energía sin conservar ese calor en el interior. Cuando los controles lo permiten, la calefacción puede apagarse antes de abrir las ventanas y volver a encenderse después de cerrarlas. Ventilar por la mañana antes de encender los radiadores es otra opción posible.

Abrir todas las ventanas sin planificar el recorrido del aire también puede enfriar una parte mayor de la vivienda de la necesaria. La ventilación puede organizarse por habitaciones, limitando la conexión con otras zonas y pasando a la siguiente una vez que cada espacio se haya aireado. La ventilación cruzada puede acelerar la renovación del aire cuando se utiliza durante poco tiempo, pero dejar varias ventanas abiertas sin tener en cuenta el flujo de aire o la duración puede aumentar la pérdida de calor.

Mantener las ventanas abiertas durante más tiempo del necesario es otro error. Una vez que se ha renovado el aire, el tiempo adicional puede enfriar los suelos, las paredes y los muebles, que después necesitarán más calor para volver a calentarse. En invierno, generalmente es mejor concentrar la ventilación en unos pocos minutos que dejar una ventana ligeramente abierta durante toda la mañana. A menudo se toman como referencia entre cinco y diez minutos, aunque el tiempo adecuado depende de la distribución de la vivienda, la circulación del aire y otras características.

Por último, dejar abiertas las puertas de las habitaciones que no se utilizan puede afectar a la distribución del calor. El aire caliente puede llegar a zonas que no necesitan mantenerse a la misma temperatura, mientras que las habitaciones más frías pueden reducir la temperatura en otros lugares. Cerrar las puertas de los espacios que se usan poco ayuda a separar los ambientes y limitar los intercambios innecesarios. El objetivo no es mantener todas las puertas cerradas permanentemente, sino controlar la comunicación entre las habitaciones según el uso que se esté haciendo de ellas.

Fuentes: elDiario.es.