Óscar Puente se había fijado el objetivo de reducir el trayecto en tren entre Madrid y Barcelona a exactamente dos horas, 30 minutos menos que entonces. Anunció esta meta en noviembre del año anterior, cuando era ministro de Transportes. El artículo sostiene que su dimisión era políticamente necesaria, pero que no resolvería los problemas más profundos de la red ferroviaria española.

El año pasado se produjeron los accidentes ferroviarios de Adamuz y Urda, ambos con servicios de alta velocidad, al tiempo que empeoraba la crisis de los trenes de cercanías y convencionales. Según el artículo, Rodalies, en Cataluña, llegó a una situación crítica.

Puente había descrito los ferrocarriles españoles como «en el mejor momento de su historia». También propuso construir una nueva línea de alta velocidad entre Lleida y Barcelona, que llegaría a la capital catalana desde el norte como alternativa a la ruta existente, pese a las importantes dificultades del terreno. La línea propuesta permitiría que los trenes alcanzaran los 350 km/h, una velocidad que, según señala el artículo, el ministro dijo que «nadie alcanza, salvo los chinos».

El artículo sostiene que la política ferroviaria española debe dejar de centrarse en la velocidad y los récords y dar más prioridad al servicio público, a los pasajeros de todos los días y a una conexión entre regiones más realista.

Fuentes: elDiario.es.