Soft Machine sigue en activo seis décadas después de su formación, y su actual alineación mostró poco interés en limitarse a revivir glorias pasadas en el concierto de cierre de su gira europea en Rüsselsheim. El cuarteto ofreció un repertorio que recorrió la historia de la banda y nuevas exploraciones de la música de fusión.
La historia del grupo comenzó con una recepción hostil en Hamburgo en septiembre de 1966. Contratados en el Star Club como grupo underground, Soft Machine demostró estar muy lejos de ser una banda convencional de beat. La actuación terminó después de tres canciones, entre abucheos y una tensión creciente entre el público. La banda, una de las primeras fuerzas del sonido de Canterbury, nunca se disolvió oficialmente, pese a los cambios de formación y los proyectos relacionados a lo largo de varias décadas.
Más de 30 músicos han tocado en más de 20 formaciones de Soft Machine. El cuarteto actual reúne al guitarrista John Etheridge, que se incorporó al universo musical de la banda en 1975; al teclista y saxofonista Theo Travis, vinculado al grupo desde hace unos 20 años; al bajista Fred Baker; y al baterista Asaf Sirkis, quienes se unieron hace tres años. En marzo, la banda publicó su decimotercer álbum de estudio, «Thirteen».
En Rüsselsheim, el repertorio abarcó las seis décadas de historia de la banda. Incluyó una versión de orientación rockera del sencillo debut estadounidense de 1968, «Joy of Toy»; interpretaciones de música de «Third» y «Softs»; y composiciones recientes, entre ellas «Seven Hours» y «Open Road». Una nueva versión de «Hazard Profile», del álbum «Bundles», protagonizado por la guitarra, puso de relieve la interpretación rápida y fluida de Etheridge.
La música también recurrió a la característica combinación de repetición e improvisación de Soft Machine. Travis alternó entre el saxofón, la flauta y los teclados, mientras que Sirkis aportó precisión y rápidas reacciones a la batería. Su «Waltz For Robert», homenaje al miembro fundador Robert Wyatt, transmitió un estado de ánimo que la crónica del concierto describió como una melancolía jubilosa. El bajo fretless melódico de Baker proporcionó una base flexible para el jazz rock instrumental del grupo.
La actuación defendió la vigencia de una banda que sigue reformulando su sonido en lugar de limitarse a conservarlo: un recorrido desde los patrones repetitivos de órgano de sus primeros años hasta una forma más exploratoria de rock de vanguardia, construida en torno a riffs y líneas de bajo y enriquecida con solos expresivos.
Fuentes: FAZ.
