Diez años después del referéndum sobre el Brexit, Zoe Williams sostiene que las afirmaciones reiteradas sobre la votación y sus consecuencias han desgastado a quienes se opusieron a abandonar la Unión Europea. Señala la presentación del 52% como un mandato abrumador, del referéndum como una expresión de democracia pura y del Brexit como el comienzo de una nueva prosperidad como ejemplos de argumentos que considera engañosos.
Williams afirma que el debate político podría estar cambiando después de que Andy Burnham reabriera la discusión sobre la relación del Reino Unido con Europa, aunque advierte que esto no significa que el país esté cerca de revertir el rumbo. Añade que los partidarios del Brexit han abandonado en gran medida las promesas de extraordinarias ganancias económicas y rara vez destacan el control que supuestamente se recuperó al salir de la UE.
En cambio, dice que ahora los opositores a unos vínculos europeos más estrechos se centran en las divisiones entre los partidarios de permanecer. Esas divisiones incluyen distintas prioridades, como restablecer la libertad de circulación para los jóvenes, reconstruir el comercio con el mayor mercado cercano del Reino Unido, fortalecer la cooperación en materia de seguridad y defensa, y coordinar las respuestas al cambio climático.
Williams rechaza la idea de que estos intereses necesariamente dividirían la coalición partidaria de permanecer. Sostiene que los distintos objetivos pueden reforzarse mutuamente y que quienes apoyan una cooperación más estrecha comparten un amplio deseo de emprender acciones colectivas con países que mantienen valores similares.
También descarta el argumento de que la agitación en Europa sea una razón para que Gran Bretaña mantenga las distancias. A su juicio, la crisis del costo de vida, las guerras, los efectos de la crisis financiera y la austeridad, y los problemas de vivienda afectan a países de todo el continente. Mantener separada a Gran Bretaña, argumenta, no puede protegerla de las condiciones sociales y económicas que subyacen a ese malestar.
La columnista reconoce que las predicciones políticas no son fiables y que los argumentos débiles pueden perdurar. Aun así, describe como poco convincente el último alegato contra una cooperación europea más estrecha y sostiene que sigue siendo legítimo esperar una relación mejor con la UE.
Fuentes: The Guardian Politics.