Los hongos medicinales se han utilizado en remedios tradicionales durante siglos, y las investigaciones empiezan a estudiar cómo interactúan sus compuestos con el sistema inmunitario. También se han vuelto populares en las redes sociales, donde a menudo se añaden hongos en polvo al café y se promocionan por sus beneficios para la salud. Sin embargo, las pruebas disponibles invitan a adoptar una perspectiva prudente, en lugar de afirmar que tienen efectos extraordinarios.
Un grupo de compuestos que despierta interés científico son los betaglucanos, azúcares complejos presentes en las paredes celulares de los hongos. Pueden unirse a receptores de los macrófagos y las células dendríticas, entre ellos Dectin-1, y desencadenar respuestas inmunitarias. Estas pueden involucrar a las células asesinas naturales (NK), los linfocitos T y las citocinas, que ayudan a coordinar las defensas del organismo.
Una revisión de 2020 sobre hongos medicinales señaló que los betaglucanos, los heteroglucanos y las proteínas inmunomoduladoras podían activar varios tipos de células inmunitarias. Sin embargo, los cambios observados en el laboratorio o en análisis de sangre no demuestran necesariamente que un suplemento prevenga enfermedades.
Entre los hongos estudiados, el reishi cuenta con pruebas procedentes de un ensayo clínico en el que participaron 157 adultos sanos. Los participantes que tomaron 200 miligramos diarios de extracto de betaglucano de reishi durante 12 semanas mostraron aumentos en las células NK, los linfocitos T CD4 y CD8, y la IgA, un anticuerpo que participa en la defensa contra virus y bacterias. El estudio midió biomarcadores inmunitarios; sus autores no demostraron que el suplemento protegiera contra las enfermedades.
El maitake contiene un grupo de betaglucanos conocido como fracción D, que se ha estudiado por sus efectos en las células inmunitarias y la señalización inflamatoria. En investigaciones con pacientes con cáncer se informó de un aumento de la actividad de las células NK. El shiitake contiene lentinano, un betaglucano fúngico que se utiliza como tratamiento complementario para el cáncer gástrico en Japón desde 1986. La fuente también describe hallazgos sobre Agaricus blazei, incluido un aumento de la actividad de las células NK y una reducción de los marcadores de inflamación en análisis de ensayos clínicos.
También se ha estudiado la cordyceps por compuestos que podrían influir tanto en las respuestas inmunitarias basadas en anticuerpos como en las celulares. Una revisión reciente de cinco hongos medicinales utilizados en oncología indicó que sus mecanismos inmunitarios se habían demostrado experimentalmente, pero recomendó prudencia a la hora de aplicar esos hallazgos a personas sanas.
Una revisión sistemática de 2021 relacionó los suplementos de betaglucanos de hongos con menos infecciones respiratorias y mayores niveles de células NK entre deportistas. Sin embargo, los resultados variaron entre los estudios, también en función de la dosis, la preparación y los participantes. El desafío fundamental es distinguir los cambios en las mediciones inmunitarias de las pruebas de que las personas realmente tienen menos probabilidades de enfermar.
Los estudios citados no encontraron efectos secundarios peligrosos con las dosis examinadas, pero las pruebas disponibles no respaldan considerar los hongos medicinales una garantía contra las enfermedades ni un sustituto de la atención médica.
Fuentes: elDiario.es.