La coalición gobernante de Polonia prometió, tras ganar las elecciones parlamentarias hace tres años, que no recurriría a los métodos de sus predecesores del partido derechista PiS. Se acusó al gobierno anterior de tomar el control del poder judicial, ignorar los límites legales y dirigir una retórica incendiaria contra sus adversarios políticos y los países vecinos, en particular Alemania.
Esa promesa venía acompañada de una complicación: un presidente vinculado a PiS hacía imposible un intento jurídicamente sencillo de despolitizar los tribunales más altos de Polonia. El gobierno del primer ministro Donald Tusk evitó tomar medidas radicales y, en cambio, esperó que su candidato ganara las elecciones presidenciales de 2025. Esa estrategia fracasó cuando se impuso el candidato de PiS, Karol Nawrocki. Según el artículo, uno de los factores de su victoria fue que algunos simpatizantes del partido gobernante se quedaron en casa, decepcionados por la falta de medidas.
La decisión del gobierno de poner fin al continuo estancamiento institucional y sacar el Tribunal Constitucional de las manos de PiS, un año antes de las próximas elecciones parlamentarias, ha suscitado críticas justificadas, incluso entre los adversarios de PiS. Pero el artículo sostiene que el bloqueo persiste: la derecha polaca también tendría que estar dispuesta a llegar a un compromiso, y la enérgica respuesta de Nawrocki indica que no lo está. En esa situación, la alternativa al rumbo actual de Tusk habría sido rendirse.
Fuentes: FAZ.
