Las elecciones presidenciales de Brasil pusieron de relieve la influencia política de los votantes mayores, mientras videos de personas mayores que se dirigían a las urnas circulaban ampliamente en las redes sociales. En su discurso de victoria, Luiz Inácio Lula da Silva reconoció el papel de estas personas en su remontada entre la primera y la segunda vuelta. Sin embargo, el emprendedor social Sérgio Serapião afirma que hace falta hacer más para que esta atención perdure y para combatir la discriminación por edad.
Los votantes de 60 años o más representan casi el 25 % del electorado brasileño, según cifras del Tribunal Superior Electoral citadas en la entrevista. Su número aumentó de 32,9 millones en 2022 a 37,4 millones en las elecciones más recientes. La cantidad de votantes de 70 años o más, quienes no están obligados a votar, creció un 15 % desde 2022 hasta alcanzar casi 17 millones.
Serapião, que lleva más de dos décadas trabajando en cuestiones relacionadas con la longevidad, describió las elecciones como el comienzo de un cambio en la atención pública. A menudo, dijo, se trata a las personas mayores como si pertenecieran al pasado, en vez de reconocer que tienen planes y ambiciones para el futuro. «El voto es una afirmación del futuro», sostuvo.
Dijo que las elecciones habían puesto en evidencia la necesidad de involucrar a los votantes mayores, pero advirtió que un solo momento político no bastaría para generar un cambio duradero. Brasil sigue siendo una sociedad «centrada en la juventud», afirmó, donde la gente suele intentar parecer más joven y las personas mayores quedan fuera del debate público. La propuesta de crear un Ministerio de las Personas Mayores podría indicar que se les prestará más atención, aunque Serapião dijo que un Ministerio de la Longevidad reflejaría un enfoque más amplio.
A su juicio, la longevidad abarca más que el proceso de envejecer y las necesidades de atención y salud asociadas a él. Las vidas más largas y los cambios en la tecnología y las estructuras familiares exigen replantear la educación, la vivienda, las ciudades y el trabajo. Una persona puede iniciar una nueva relación a los 60 años o una nueva carrera a los 70, dijo, y los sistemas públicos deberían tener en cuenta trayectorias vitales que ya no siguen una progresión sencilla de los estudios al trabajo y luego a la jubilación.
Serapião también advirtió contra el lenguaje y las imágenes que menosprecian a las personas mayores. Lula utilizó la expresión «los viejitos» en su discurso de victoria, y Serapião dijo que incluso los diminutivos afectuosos pueden menospreciar a las personas. También sostuvo que describir como juvenil al presidente de 81 años porque sale a correr refuerza la idea de que ser joven es mejor. La edad de Lula y su capacidad física, dijo, no deberían presentarse como opuestas.
La entrevista también abordó el trabajo y la jubilación. Serapião dijo que los debates sobre la seguridad social deberían vincularse a los cambios en el empleo, incluido el crecimiento del trabajo mediante aplicaciones. A menudo, los trabajadores mayores quedan excluidos de los empleos tradicionales y pueden recurrir a plataformas de reparto o de conducción, dijo, y añadió que estas formas de trabajo deberían ofrecer protecciones que permitan a las personas envejecer con seguridad.
Pidió que se ofrezcan oportunidades más flexibles a las personas mayores que quieran seguir trabajando, incluidos puestos a tiempo parcial, y sugirió incentivos fiscales para los empleadores. También dijo que las políticas deberían tener en cuenta las desigualdades en la esperanza de vida y la salud, en lugar de tratar a las personas mayores como un grupo homogéneo. Prolongar los años de vida saludable, sostuvo, puede ayudar a las personas a seguir vinculadas al trabajo y a la sociedad.
Fuentes: Folha Poder.