Planificar una caminata con niños empieza por evaluar la condición física y emocional de cada uno. La longitud y la dificultad de la ruta deben ajustarse a su edad y capacidades, en lugar de basarse en el ritmo o las ambiciones de un adulto.

Si la concentración, la coordinación o la motivación de un niño disminuyen mucho antes del final previsto de la caminata, probablemente el objetivo era demasiado exigente. En el caso de los niños en edad preescolar, los padres deben evitar los tramos largos por senderos expuestos donde exista riesgo de caída.

Los senderos más empinados con tramos que requieren trepar pueden ser adecuados para niños en edad escolar primaria, siempre que los adultos puedan ofrecer el apoyo necesario y sepan cómo mantenerlos a salvo. El artículo recomienda aumentar gradualmente el nivel de dificultad.

Fuentes: FAZ.