Por lo general, los presidentes de EE. UU. han afrontado reveses en las elecciones de medio término: desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, el partido del presidente ha perdido terreno en 18 de las 20 elecciones de medio término. Los presidentes del pasado han respondido de distintas maneras: adaptándose al nuevo equilibrio de poder en el Congreso y colaborando con el partido opositor, o intensificando su enfrentamiento con él.
La Cámara de Representantes suele ser el indicador más claro de un cambio tras las elecciones de medio término, ya que sus 435 escaños se someten a votación cada dos años. El Senado cambia más gradualmente, con elecciones para aproximadamente un tercio de sus 100 escaños cada vez. Por ello, un nuevo presidente de la Cámara perteneciente al partido opositor puede convertirse en una figura central para el presidente.
Los presidentes demócratas Bill Clinton y Barack Obama buscaron llegar a acuerdos tras las derrotas en las elecciones de medio término celebradas durante sus primeros mandatos. Después de los avances republicanos de 1994, Clinton colaboró con el líder de la mayoría en la Cámara de Representantes, Newt Gingrich. Tras las elecciones de 2010, Obama estableció una relación de trabajo viable con el presidente republicano de la Cámara, John Boehner. Ambos presidentes se acercaron al centro político y luego lograron la reelección, en 1996 y 2012, respectivamente.
George W. Bush vivió una inusual victoria en las elecciones de medio término de 2002, cuando los estadounidenses se unieron tras los atentados del 11 de septiembre. Pero el apoyo público a la guerra de Irak se había debilitado para las elecciones al Congreso de 2006, cuando los demócratas obtuvieron el control de la Cámara de Representantes. Bush y la nueva presidenta demócrata de la Cámara, Nancy Pelosi, mantuvieron una relación tensa, pero funcional. En 2008, en medio del cansancio por la guerra, Barack Obama derrotó al republicano John McCain.
El artículo contrasta esas relaciones anteriores con la hostilidad entre Donald Trump y Pelosi tras las elecciones de medio término de 2018. Trump acusó a los demócratas de fraude electoral, mientras que Pelosi inició el primer proceso de destitución contra él en 2019. El artículo sostiene que es menos probable que se alcancen acuerdos entre partidos, pues las facciones más confrontativas han ganado influencia tanto entre los republicanos como entre los demócratas.
El artículo también señala que el resultado de Joe Biden en las elecciones de medio término de 2022 fue inusual: los republicanos no lograron elegir a un presidente sólido para la Cámara y Biden no se presentó a la reelección en 2024.
Fuentes: FAZ.