El auge de Alternativa para Alemania (AfD) y de otros partidos de derecha radical suele considerarse difícil de explicar. Sus simpatizantes reúnen distintas corrientes políticas, desde la libertaria hasta la autoritaria, y sus posturas pueden variar según el tema. El ensayo sostiene que una lógica política compartida ayuda a explicar su atractivo: la promesa de soberanía y de recuperar el control.

Los autores distinguen esta idea de la ideología central de la derecha radical: el etnonacionalismo. Según sostienen, su lenguaje político queda plasmado en el lema de AfD: «Vamos a recuperar nuestro país». El lema presenta al partido como una fuerza que recupera la capacidad de actuar tras una supuesta pérdida de control, a la vez que define quién pertenece a la nación y quién no.

Este atractivo se plantea como una respuesta a las tensiones de las democracias modernas entre los derechos individuales y la toma de decisiones colectivas. La derecha radical presenta esas tensiones como una crisis de la soberanía popular, sobre todo en las disputas relacionadas con el euro y los rescates bancarios, la migración, la pandemia de COVID-19 y la guerra en Ucrania. Según el ensayo, su versión de la soberanía sitúa la voluntad del pueblo por encima de límites como los derechos humanos y los acuerdos internacionales.

Los autores sostienen que esta perspectiva no es simplemente un rechazo de los principios liberales, sino otra manera de definirlos. Sus simpatizantes pueden considerar que el Estado es ineficaz cuando debería servir a quienes trabajan y toman la iniciativa, pero demasiado poderoso cuando presta apoyo a personas que, a su juicio, no lo merecen. Esto ayuda a explicar, según el ensayo, por qué algunos votantes de derecha radical se oponen a ampliar las prestaciones sociales, incluso cuando su propia situación económica es precaria.

El mismo énfasis en el control determina las ideas sobre la pertenencia nacional. Mientras que los enfoques liberales tienden a ampliar la inclusión, la derecha radical busca establecer sus propios criterios para definir quién forma parte de la comunidad política. También desconfía de las instituciones que median la voluntad popular y favorece una identificación más directa entre el pueblo y el liderazgo político.

En el plano internacional, el ensayo se centra en la Unión Europea y otras instituciones que pueden limitar el poder de los gobiernos nacionales para tomar decisiones. Sostiene que las críticas que antes se asociaban principalmente a la preocupación de la izquierda por la «posdemocracia» también han pasado a formar parte de los argumentos de la derecha contra lo que esta considera una erosión de la soberanía nacional.

Los autores concluyen que la derecha radical ofrece algo más que una protesta reactiva: presenta una visión de la vida política organizada en torno al control, en lugar de la delegación, y a la soberanía, en lugar de las instituciones intermediarias. También citan la advertencia de Hannah Arendt de que la soberanía política puede ser una ilusión que solo se sostiene mediante la fuerza.

Fuentes: FAZ.