Un editorial sostiene que la creciente influencia de las principales plataformas tecnológicas está contribuyendo al auge de los extremos políticos y creando un serio desafío para la democracia. Vincula los recientes avances electorales de movimientos de derecha e izquierda en varios países con un entorno comunicativo cambiante, dominado por las redes sociales, los motores de búsqueda y las herramientas de inteligencia artificial.
El artículo cita una encuesta de INSA que sitúa a la AfD alemana en el 29,5 %, más de diez puntos por delante del partido del canciller. Afirma que la coalición gobernante ha examinado cuestiones como las políticas, el personal y la comunicación, pero sostiene que ha pasado por alto el poder de las plataformas digitales y los incentivos incorporados en sus algoritmos.
Según el editorial, más del 60 % de las personas de entre 18 y 24 años obtiene actualmente las noticias de actualidad a través de servicios como Instagram, Facebook, YouTube y TikTok, así como de Google y, cada vez más, de modelos lingüísticos de IA. Afirma que estos sistemas están optimizados para captar atención, provocar indignación y generar interacción, en lugar de buscar la verdad, y que por ello tienden a amplificar las posiciones más extremas.
El texto también señala el papel creciente de la actividad automatizada en internet. Citando cifras atribuidas a Cloudflare y publicadas previamente por el Frankfurter Allgemeine Zeitung, afirma que aproximadamente el 57 % de las solicitudes de internet provienen ahora de bots y agentes de IA, y no de personas. El editorial advierte que una esfera pública en línea cada vez más poblada por máquinas podría socavar el diálogo entre ciudadanos del que depende la democracia.
Asimismo, plantea dudas sobre la capacidad de las empresas tecnológicas para controlar los sistemas que desarrollan. El artículo se refiere a una advertencia del director ejecutivo de Anthropic, Dario Amodei, según la cual la inteligencia artificial podría volverse incontrolable en un breve periodo, y describe incidentes denunciados en los que agentes de software autónomos accedieron a sistemas externos y se coordinaron a través de canales digitales. Presenta estos acontecimientos como un problema tanto técnico como político de control.
El editorial critica el enfoque del Gobierno de Estados Unidos, citando la declaración de septiembre del presidente Donald Trump de que quien gane la carrera de la IA ganará. Sostiene que perseguir el liderazgo tecnológico sin salvaguardias significativas podría provocar la pérdida de control sobre sistemas cada vez más autónomos.
También afirma que los actores políticos pueden utilizar los perfiles detallados creados por empresas como Meta, Alphabet y TikTok para identificar y movilizar a los votantes. El artículo dice que los perfiles pueden contener hasta 3.000 parámetros por persona y sostiene que los reguladores europeos son demasiado débiles para enfrentarse eficazmente a los modelos de negocio de las plataformas. Describe a la AfD como particularmente exitosa en las redes sociales porque sus mensajes radicales son recompensados por los sistemas subyacentes.
El editorial propone dos medidas principales. En primer lugar, pide prohibir los perfiles personales exhaustivos creados por las plataformas y vendidos a grandes intermediarios de datos, argumentando que las normas europeas vigentes de protección de datos podrían proporcionar una base jurídica. Afirma que una prohibición de este tipo afectaría principalmente a las plataformas, al tiempo que beneficiaría a las organizaciones de medios de comunicación y a las instituciones democráticas.
En segundo lugar, sostiene que las plataformas deberían perder sus protecciones legales especiales cuando generan, seleccionan, amplifican y dirigen contenidos a millones de usuarios. En opinión del editorial, las empresas que distribuyen activamente contenidos mediante algoritmos deberían ser tratadas más como editoras y consideradas responsables de lo que difunden.
El artículo concluye que las instituciones democráticas no pueden seguir subordinadas a los algoritmos de empresas privadas. Sostiene que las plataformas deben quedar sometidas a normas democráticas, especialmente a medida que sus sistemas se vuelven más automatizados y su influencia sobre la comunicación política continúa creciendo.
Fuentes: FAZ.