El primer ministro británico, Andy Burnham, ha dicho que está dispuesto a escuchar los llamamientos para que Gran Bretaña se disculpe por su papel en la esclavitud transatlántica, apartándose de las posturas de sus predecesores. Ha descartado las reparaciones económicas, pero apoya las conversaciones sobre la reestructuración de la deuda, una prioridad para la Comunidad del Caribe (Caricom) y la Unión Africana. La líder de la oposición, Kemi Badenoch, ha calificado las disculpas de distracción.

Se espera que el rey Carlos aborde el papel de Gran Bretaña en la trata de esclavos durante la reunión de jefes de Gobierno de la Commonwealth en Antigua y Barbuda, y que hable con lo que el artículo describe como «una honestidad inquebrantable» y «un pesar sincero». La historiadora Olivette Otele sostiene que el debate debería ir más allá del desacuerdo político y examinar por qué a Gran Bretaña le cuesta reconocer los daños de su pasado colonial.

Otele afirma que Gran Bretaña celebra sus conquistas históricas y la riqueza obtenida de productos coloniales como el algodón, mientras que a menudo no reconoce el daño causado a los pueblos cuyas tierras ocupó ni a los descendientes de los africanos traficados y esclavizados. Sostiene que negarse a disculparse y a trabajar por la justicia reparadora entraña el riesgo de perjudicar las relaciones con los países del Caribe y con la Commonwealth en su conjunto, que está integrada por 56 países y representa aproximadamente un tercio de la población mundial.

Para Otele, la reparación no se limita a una compensación económica. Podría incluir educación, justicia climática, medidas para abordar las desigualdades en materia de salud y la devolución del patrimonio cultural. Señala leyes que impiden a algunos museos británicos devolver objetos de forma permanente y sostiene que el Parlamento podría debatir cambios a la Ley del Museo Británico de 1963 y a la Ley del Patrimonio Nacional de 1983. También describe el compromiso de Burnham de destinar 40 millones de libras a proyectos en el Caribe como un paso hacia el diálogo sobre justicia climática.

Otele afirma que la falta de comprensión pública sobre cómo el tráfico de africanos dio forma a las instituciones británicas ha contribuido a la resistencia a las disculpas y las reparaciones. Según escribe, la trata contribuyó a enriquecer Gran Bretaña y reforzó jerarquías racistas cuyos efectos persisten en los debates actuales sobre identidad y pertenencia.

El artículo cita a Tracie Jolliff, consultora de desarrollo organizacional, quien afirma que los daños contra las personas negras han quedado sujetos a una «amnesia colectiva» y que el racismo sigue influyendo en el trato que reciben los descendientes de africanos esclavizados. Otele también se refiere al exalcalde de Bristol Marvin Rees, quien sostiene que las personas no son responsables de las acciones de sus antepasados, pero heredan las instituciones y las ventajas que estas confieren.

Otele señala la compensación que se pagó a los esclavizadores tras la Ley de Abolición de 1833: la deuda no se terminó de pagar hasta 2015. Sostiene que los contribuyentes británicos, incluidas las comunidades negras perjudicadas por el racismo sistémico, ayudaron a saldar esa deuda. A su juicio, es el Gobierno quien debería disculparse por haber utilizado dinero público para compensar a personas que se beneficiaron de la esclavitud.

Pide al Gobierno que trabaje con las familias cuyos antepasados recibieron compensaciones, así como con instituciones como la Iglesia de Inglaterra, Lloyd’s of London y las universidades, para elaborar un plan de justicia restaurativa.

Fuentes: The Guardian Politics.