En 1905, el agricultor José Bullón Lobato vio una estrecha abertura en la roca en los terrenos que arrendaba en el Rancho del Harillo, cerca de Benaoján, en la provincia de Málaga. De la grieta salían murciélagos en tropel, y Bullón entró en la cueva con la esperanza de recoger guano para fertilizar sus campos. En el interior encontró marcas de pigmento oscuro, signos geométricos y figuras de animales en las paredes. Al principio llamó a la cueva Cueva de los Letreros.

La noticia del descubrimiento se difundió por la zona. El coronel británico retirado Willoughby Verner se enteró en 1907 y dirigió varias exploraciones entre 1909 y 1911. Su artículo en The Saturday Review dio a conocer la cueva a lectores de todo el mundo. En 1912, un equipo que incluía al prehistoriador Henri Breuil y a los arqueólogos Hugo Obermaier, Paul Wernert y Juan Cabré examinó el lugar y documentó sus pinturas.

Los investigadores registraron más de 3.000 figuras y grabados de distintas fases del Paleolítico superior. Entre las imágenes más conocidas está el Pez, una figura ocre de más de un metro de largo con una foca representada en su interior. Otras obras incluyen una yegua preñada, bisontes, renos, cabras y signos geométricos.

La cueva fue declarada Monumento Nacional en 1924. El hijo de Bullón, Tomás Bullón García, continuó explorando los pasadizos, encontró la entrada que se utiliza hoy y, en 1933, descubrió las Nuevas Galerías y esqueletos prehistóricos. Un año después descubrió una figura femenina tallada, conocida actualmente como la Venus de Benaoján, expuesta en el Museo de Málaga.

En 1992, los descendientes de Bullón y el Grupo Espeleológico Alpino Rondeño encontraron un tramo de 250 metros que no se había explorado antes y que había permanecido intacto desde tiempos prehistóricos. Cinco generaciones de la familia han contribuido a proteger la cueva y a guiar a los visitantes por el lugar, que el relato describe como un importante ejemplo de conservación del patrimonio.

Fuentes: elDiario.es.