El acceso al agua dulce suele considerarse un factor clave para determinar dónde se asentaban los primeros grupos humanos. Sin embargo, un estudio publicado en Nature sugiere que, en la Arabia prehistórica, el agua no bastaba: las personas también necesitaban piedra adecuada para fabricar herramientas. Esto podría explicar por qué los restos arqueológicos se concentran en los márgenes del desierto, aunque algunas zonas del interior también contaban con fuentes de agua.
Durante los periodos de clima favorable, las lluvias monzónicas creaban lagos y tierras de pastoreo en zonas que hoy están cubiertas de dunas. Sin embargo, las huellas humanas más antiguas suelen encontrarse cerca de los bordes del desierto. Para investigar por qué las personas no se asentaron también en el interior, rico en agua, un equipo dirigido por Jeffrey I. Rose, de la Universidad del Algarve, realizó una expedición de campo de unos 1.500 kilómetros.
Los investigadores estudiaron 125 lugares y examinaron sedimentos de antiguos lagos secos, minerales del suelo y superficies expuestas en busca de herramientas de piedra y otras pruebas materiales. Hallaron indicios de antiguos lagos en 55 lugares, junto con conchas fósiles y fragmentos de cáscara de huevo de avestruz. El estudio no identificó pruebas de ocupación humana temprana en ninguno de los 125 lugares.
Al comparar sus mapas geológicos y reconstrucciones de antiguos cursos fluviales con 362 yacimientos prehistóricos catalogados anteriormente, el equipo estimó que el 57 % de las zonas con fácil acceso al agua carecían de rocas adecuadas para fabricar herramientas. Los hallazgos sugieren que los valles del interior podían ofrecer agua, pero no la materia prima que las personas necesitaban para fabricar herramientas de uso cotidiano.
Los investigadores concluyen que el agua y la piedra apta para trabajar debían estar disponibles a la vez para que un asentamiento perdurara. También advierten que los modelos de los desplazamientos humanos antiguos basados principalmente en las fuentes de agua podrían sobreestimar la cantidad de terreno habitable, pues pueden pasar por alto los recursos geológicos necesarios para las comunidades que dependían de herramientas de piedra.
Fuentes: elDiario.es.