John Harris sostiene que la empatía y la compasión se consideran cada vez más un lastre en la política, y vincula esta tendencia con los movimientos de derecha en Estados Unidos y Gran Bretaña. Señala que Robert Jenrick, portavoz de Reform UK para asuntos del Tesoro, utilizó la expresión «empatía suicida» al promover el plan del partido de reducir el gasto en prestaciones sociales un 25% para 2030.

Harris rastrea el origen de la expresión hasta un libro del académico canadiense Gad Saad, también titulado Suicidal Empathy, que cuenta con el respaldo de Elon Musk. El artículo critica los argumentos del libro sobre inmigración, las restricciones de la pandemia y la política progresista, y lo describe como un reflejo de ideas que circulan entre los partidarios más radicales de MAGA.

El comentario también cita una encuesta del Public Religion Research Institute. Según sus resultados, el 84% de los demócratas registrados estaba de acuerdo en que la empatía ayuda a construir una sociedad sana, frente al 54% de los republicanos. Entre los protestantes evangélicos blancos, el 42% consideraba que la empatía era un valor moral fundamental, mientras que el 54% afirmaba que podía ser peligrosa.

Harris contrapone este encuadre político al papel histórico de la compasión cristiana. A partir del relato del historiador Tom Holland sobre los primeros tiempos del cristianismo, describe cómo el cuidado de las personas vulnerables, incluidos los huérfanos, las viudas y los enfermos, pasó a formar parte de los sistemas de asistencia social que estaban surgiendo.

El artículo sostiene que pueden observarse tensiones similares en Gran Bretaña, donde Harris relaciona los debates actuales sobre las prestaciones sociales y la migración con una tradición política marcada, en parte, por Margaret Thatcher. Concluye que un mal resultado de los republicanos en las elecciones de mitad de mandato de Estados Unidos podría inquietar a quienes rechazan la empatía, pero afirma que la influencia de Musk sugiere que el resultado de unas elecciones, por sí solo, no bastaría para revertir la tendencia general.

Fuentes: The Guardian Politics.