El sistema alemán de pensiones privadas respaldado por el Estado entra en una nueva fase el 1 de enero, cuando la impopular pensión Riester se convierta en un modelo obsoleto. Su sucesor todavía no tiene un nombre establecido, pero los expertos lo consideran, en líneas generales, más transparente, atento a los costes y flexible.

A diferencia del sistema anterior, las garantías que reducían las posibles rentabilidades ya no serán obligatorias. Los consumidores también podrán elegir entre retirar gradualmente el capital acumulado o convertirlo en una renta vitalicia, en lugar de verse obligados a contratar un producto con pagos periódicos de pensión.

La reforma no eliminará el papel de los distribuidores financieros. Esta continuidad puede ayudar a evitar una ruptura total con el sistema existente, pero también suscita preocupación por la brecha de información entre asesores y clientes. La introducción original de las pensiones Riester y Rürup estuvo acompañada de prácticas comerciales agresivas y de contratos que no siempre eran adecuados para los consumidores.

La competencia en el mercado de pensiones subvencionadas se ha debilitado durante la última década. Los proveedores internacionales se retiraron durante el periodo de tipos de interés bajos, seguidos por varias empresas alemanas, lo que dejó a grandes compañías como Union Investment, Generali y Allianz entre los participantes destacados que permanecen. Se espera que la reforma amplíe la gama de productos, pero eso también podría dificultar las decisiones de los ahorradores.

Por ello, se recomienda a los consumidores que examinen detenidamente las comisiones, las condiciones y los incentivos comerciales. Los corredores, las plataformas de inversión en línea y las redes de distribución financiera operan con sus propios intereses comerciales. Un producto presentado como una cuenta de pensión estándar no es necesariamente inferior por el simple hecho de ser más barato, mientras que un producto más complejo no es automáticamente mejor.

Tampoco es necesario tomar una decisión apresurada. La reforma sustituye un sistema cuyas garantías, en general, se han considerado poco atractivas en las actuales condiciones de los mercados de capitales. Los consumidores no necesitan contratar rápidamente un antiguo producto Riester antes del cambio.

Los ahorradores con bajos ingresos requieren especial cautela. En el sistema actual, podían beneficiarse de tasas de subvención relativamente elevadas, mientras que el nuevo modelo utiliza una forma estandarizada de apoyo. Para algunos de estos consumidores, mantener un producto Riester existente puede ser más ventajoso, aunque los contratos presenten desventajas.

La reforma también reaviva el debate sobre las garantías. Según el material de origen, la obligación de devolver al menos cada euro aportado fue una de las principales razones por las que el modelo Riester no logró generar mayores rentabilidades. Las garantías parciales del 60% o el 80% podrían ofrecer un equilibrio diferente entre seguridad y oportunidades de inversión, pero los consumidores deben comprender los riesgos implicados.

La experiencia de Suecia se cita como recordatorio de que el éxito de una reforma de las pensiones también depende de una mayor confianza en los mercados de capitales y de una participación más amplia en la renta variable y en el capital productivo.

Fuentes: FAZ.